Cuando los hijos dejan un vacío
Nuevas rutinas deben establecerse cuando los hijos se van del hogar para estudiar en la universidad
Por Tatiana Pérez Rivera / tperez@elnuevodia.com
Cada noche le envía un mensaje de texto para el que no espera respuesta: “Dios te bendiga, buenas noches”. Ese ritual mitiga un poco el pesar que le ha causado a Fernanda Rodríguez la partida de su hija Coralys a estudiar en Estados Unidos.
Saber que ha perdido el control sobre su seguridad y sus decisiones es un nuevo escenario. “Sabes que voló y es para no regresar”, menciona la mujer que siempre ha mantenido un estrecho vínculo con su hija, a quien tuvo después de los treinta, la que la convirtió en una madre soltera, por quien batalló durante años con una exigente carrera profesional.
“Te viene la culpa. Piensas las veces que no pudiste estar con ella como querías por el trabajo. Ves nenes chiquitos que te recuerdan cómo era”, dice justo cuando una que otra lágrima se asoma.
“Pero racionalmente yo sé que está bien, que es una oportunidad excelente para ella en una universidad de prestigio y que puede hasta terminar su doctorado. Pero esa puerta cerrada...”, dice con una sonrisa suave Rodríguez y comparte los reportes que le envía su hija: aumentó cinco libras y dice que es el momento más feliz de su vida.
En el caso de Mario Vázquez lo más “extraño” es no tener que andar “del tingo al tango detrás de ese muchacho”.
“Cuando me dijo, ‘papi, yo quiero ser ingeniero’ tan pronto entró a cuarto año ya me imaginé lo que venía. Empezamos a ahorrar, pero no me preparé para no tener que carretearlo a los juegos de baloncesto todos los fines de semana y a las prácticas en semana”, afirma sobre su hijo de igual nombre.
Ya sea en otros puntos de la isla o fuera de esta, los universitarios ya iniciaron sus rutinas escolares y los papás de los prepas igual atraviesan un proceso de ajuste. Intentan acostumbrarse al silencio, a que la compra dure más tiempo en la nevera, a cocinar menos y, sobre todo, a no tener con quién compartir pequeños rituales como ver un programa juntos o tomar una tacita de café nocturno.
“Yo lo extraño al servir comida porque él siempre tiene hambre y lo echo de menos cuando paso por el cuarto y lo veo recogido” , menciona Maribel Llavona sobre su hijo Pedro que partió a estudiar en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez.
La mayoría de los padres boricuas son partidarios del refrán “el que se casa, pa’ su casa”, pero la verdad es que cuando esos primeros pasos de independencia tienen lugar, a muchos les cuesta renovar sus estilos de vida y sus prioridades.
La nena de papá o el nene de mamá dejó el nido.
También es luto
La sensación de vacío que provoca la partida es similar a un proceso de luto, según expone la sicóloga Ingrid Marín.
“Le pasa a todos y no tiene que ver si es hombre o mujer”, especifica la especialista, “algunos lo sienten de manera más intensa que otros y es algo para lo que uno no está preparado. Es un luto, ese proceso no está reservado solamente para la muerte. Aplica igual si es un divorcio, si hay un integrante fuera del seno familiar o si se pierde el empleo”.
En casos extremos, el progenitor puede llegar a la depresión si no reinventa su estilo de vida o puede caer en la trampa de interferir a diarioen la vida de sus hijos hasta en las decisiones más cotidianas, aunque sea a la distancia.
“Si no busca reinventarse estará mal”, dictamina Marín.
Una cosa es aceptar que han crecido y otra muy distinta pensar que el lazo ya no existe. “Siempre se extraña un hijo porque uno nunca deja de ser padre. Pero cuando te sientas muy ansioso o triste ante su partida debes recordar que hemos guiado a nuestros hijos por un buen camino, que le hemos enseñado valores. Pensamos que no son independientes pero si no les damos la oportunidad de serlo tendrán problemas en la etapa adulta para tomar decisiones, para crecer y ser mejores profesionales”, explica la experta.
Si la realidad es que su partida te provoca ansiedad, Marín recomienda, en los meses previos, ir “soltándolos poco a poco”.
“A veces tenemos la preocupación de que no sean independientes pero a veces somos nosotros los codependientes. La capacidad de sobrevivir de ellos es sorprendente. Recuerda que la necesidad es la madre de la invención”, subraya.
Siempre hay casos extremos, padres que se han mudado a donde sus hijos estudian o han cambiado su vida para seguir detrás de ellos aun cuando llegan a la adultez.
“Eso no es saludable ni para el adulto ni para el joven porque no le permite ser independiente. Incluso puede causarle a los hijos una depresión mayor porque les han coartado sus libertades. Algunos nunca se van de la casa ni han hecho su vida a nivel emocional por esos lazos tan estrechos y disfuncionales”, alerta la sicóloga.
¿Siempre nido vacío?
La pregunta puede responderse con otra, ¿por qué? Si bien es momento de reflexionar en torno a la historia de familiar, también es una oportunidad de llenar el nido con nuevas actividades que propicien el crecimiento individual o de la pareja de padres.
Eso hizo Fernanda Rodríguez. Ve vía Skype a su hija semanalmente, sigue con su trabajo exigente pero se matriculó en clases de bomba -en las que se divierte y de paso hace ejercicio- y se unió como voluntaria a una organización sin fines de lucro que impacta niños y adolescentes.
“Y ya compré mi pasaje para ir a visitarla en noviembre”, cuenta Rodríguez saboreando el momento por anticipado.
En el caso de Maribel Llavona, cada vez que extraña demasiado a su hijo lo llama por teléfono. “Y cada noche le echo la bendición por mensaje de texto. No quiero molestarlo si está ocupado y así me quedo tranquila”, cuenta Llavona.
La sicóloga Marín resalta que los padres deben tener claro que el dolor “va a pasar” y que si por más de dos semanas experimentan preocupaciones extremas, llanto sin cesar, insomnio o hipersomnia, falta de apetito, profunda tristeza, irritabilidad o cualquier otros síntoma de depresión o ansiedad, debe acudir a un especialista en conducta humana que lo evalúe y establezca un tratamiento de ser necesario.
“Una vez entendamos que la etapa va a pasar, debemos preguntarnos, ‘¿lo estoy manejando correctamente?’. Compartir con otros padres que hayan experimentado lo mismo es positivo. Algunos cuentan que al recobrar su antigua libertad, después que se acostumbran a fregar dos platos, cuando llegan de visita los hijos los aman y los adoran pero ya están acostumbrados a un estilo de vida diferente sin ellos en casa todo el día”, culmina Marín.
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